Ya no piensa,
prefiere no pensar,
o peor aún, olvidó hacerlo.
Ya no critica,
ni para bien ni para mal,
todo le parece bonito.
Ya no gasta saliva en hablar,
es tan corto el descanso,
hay tanto que trabajar.
Ya bajó la mirada,
ya no mira a la cara,
aquí no hay algo que admirar.
Ya ni siquiera desea en silencio escapar,
ya no imagina cómo será la vida en otro lugar.
Es un alma desprendida, un espíritu libre,
duerme, come y trabaja, condenada a vivir para otros,
sin conflicto de intereses, ni santa... ni muerta,
sólo útil.
- Claudio Barrientos Winter -
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martes, 4 de mayo de 2010
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